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30 de enero de 2012

Bufonadas

Era el mejor bufón del mundo. El único que le había hecho reír. Le había perdonado las más terribles impertinencias, los comentarios más indecorosos. Sus ácidos comentarios, sus muecas hilarantes, le hacían cosquillas en el alma. Por eso el rey no pudo evitar soltar una carcajada que se desbordó por toda la plaza. Ni siquiera el sonido de la cuchilla descendiendo pudo parar su risa desatada cuando vio la última mueca desternillante del bufón, haciéndole reír desde el fondo de la cesta de mimbre.

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