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8 de octubre de 2015

Ludopatía.

Ana lo vio abrir la puerta y cruzar lentamente el umbral, apestando a tabaco, whisky y a un olor extraño que no supo identificar. Lo vio avanzar hacia ella, las manos en los bolsillos, la cabeza hundida.

-Has vuelto a jugar y has vuelto a perder, ¿no?

-Sí.

-Ya ni siquiera te esfuerzas en buscar excusas. Un día de estos te jugarás la vida.

El levantó la cabeza despacio. Sonrió tristemente.

-Ya lo he hecho. Pero no la mía.

Fue entonces cuando Ana identificó el olor. Cloroformo.

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