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8 de octubre de 2015

El voyeur.

Blanca cabalgaba sobre mí en el asiento trasero de mi coche, estacionado discretamente en un descampado. Su pelo caía alrededor de mi cara, impidiéndome ver cualquier cosa que no fuera su mirada ardiente y su boca entreabierta de placer. Atisbé al hombre a través de su melena sedosa. Estaba parado junto a la ventanilla, su mano derecha perdida en su entrepierna. Me extrañó su expresión, triste y melancólica. Lo miré con rabia y sorpresa. Blanca también lo vio, y con un leve gesto congeló mi reacción. Su cuerpo febril pareció recargarse de lujuria, y acelereró sus embestidas, mientras sentí como la cascada de su pelo saltaba abruptamente hacia atrás y escuché cómo su boca proyectaba hacia el techo del coche el ronco gemido de un orgasmo interminable. El hombre lloraba mientras Blanca lo miraba jadeante. Hoy, un año después, he vuelto al descampado. Me he acercado al coche y he espiado a la pareja que fornicaba con furia en el asiento trasero. Pegando la cara al cristal, he tenido el orgasmo más triste de mi vida, justo cuando Blanca ha clavado en mí sus ojos llenos de salvaje obscenidad.

3 comentarios:

  1. Blanca, la exhibicionista creando escuela. Escuela de un placer prohibido. Muy bueno.

    Un beso

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  2. Genial !! Magnífico !!! Yeahh

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