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7 de abril de 2011

Tiempos nucleares

Como durante semanas habían temido, aquel día no amaneció. Se abrazaron llorando, al lado del árbol de Navidad que habían puesto hacía apenas unas semanas, mirando fijamente el disco solar, opacado y mortecino por la nieve de muerte. El niño los llamó desde el salón. -¡Papá, mamá, venid, están cayendo copos pequeñitos! El hombre cogió una pastilla, un vaso con agua, y se levantó.

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