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14 de junio de 2010

Los 40 graciosillos. ¡Anda ya!


Siempre he odiado los 40 Principales. Por lo menos, desde que yo recuerdo. A muerte. Sin concesiones. Siempre se me han revuelto las tripas, las entrañas, cuando he escuchado a esos presentadores "enrrollados", todos cortados por el mismo patrón, en la onda "desenfadado-rebelde-pero-poco". Lo siento, no puedo evitarlo. Supongo que no es para tanto, y que este odio volcánico que siento hacia ese programa es directamente proporcional a la importancia que en mi vida tiene la música. ¿Un nuevo disco de Neil Young? Unas décimas más en mi particular odiómetro a los 40. ¿Un concierto de Hellacopters? Otras decimitas más. Sí, supongo que es eso. Creo, sinceramente, que los 40 principales, más que un programa musical para gente a la que no les gusta la música, es un programa que parece perversamente diseñado para generar una especie de maligno bucle, un malévolo pez que se muerde la cola. La filosofía del asunto sería: "convirtamos esta basura en un éxito para que la gente la siga comprando porque es un éxito". En otras palabras, la gente acaba comiendo mierda porque "millones de moscas no pueden estar equivocadas". Vuelvo a recurrir a "La Naranja Mecánica". Es como si estos sinvergüenzas, estos terroristas de la radio, abrieran a la fuerza las orejas del personal, bombardeándoles con su basura musical, para que esa basura acabe resultando grata a los oídos. Solamente así se entiende que el personal escuche una y otra vez la misma pegajosa basura. Espantosos grupos de pop aflamencado imitando penosamente al (a estas alturas) al autoparódico Manolo García, lamentables divas sudamericanas supliendo con espantosos alaridos su falta de talento musical (falta de talento que, en sus actuaciones, disimulan calentando al personal y moviendo espasmódicamente su culo a una velocidad difícil de calibrar por los más modernos instrumentos de medición), penosos triunfitos fracasados, de esos que cuando les ponen un micrófono delante se arrancan gritando a capella cualquier tonadilla, bisbales, rosarios, en fin, toda esa morralla que todos sabemos.

Los 40 Principales son peligrosos. Mucho. Son como una gota malaya que va ahondando en el cerebro, poco a poco, hasta conseguir lo que para un tipo capaz de cascarse 3000 kilómetros para ver en directo a un oscuro grupo de punk-rock de los años 70 puede parecer imposible, esto es, que una de sus abominables tonadillas se le incruste en la parte más irracional de la mente y el pobre hombre, que estuvo una semana sin lavarse la mano después de que se la estrechara Link Wray, acabe en la ducha arrancándose con cualquier espanto sonoro perpetrado por uno de esos grupos de, por y para subnormales de nombre compuesto, tan de moda ahora (ya saben, La Oreja de Van Gogh, El Canto del Loco, La Caja de Pandora, El Sueño de Morfeo, Los Cojones de Dalí...) Eso no se puede perdonar. Ni aunque nos acojamos a esa sentencia totalmente aplicable a los temas que machaconamente repiten los 40 de marras: "es pegadiza, pero también se pega la mierda al zapato".

Ustedes dirán, con toda la razón del mundo, que tengo la opción de no escucharlos. Y tienen razón, aunque solamente a medias. Sencillamente, hay momentos en los que uno se ve sometido, prácticamente a la fuerza, a las subnormales emanaciones radiofónicas de los 40 Principales. Un servidor, estos días, tiene ración doble (sí, lo del caldo y las tazas). Durante el trayecto en ambulancia hasta el servicio de rehabilitación en el hospital... 40 principales. Llegada a rehabilitación y... 40 principales. Ustedes también me dirán, un poco hasta las partes nobles de mi tabarra, que me incruste unos auriculares, oiga lo que quiera y que, parafraseando al enrrollaete de Sabina en su diatriba contra los antitaurinos, "deje de tocar los cojones". Vuelven a tener razón, y vuelven a tenerla a medias. Uno, aunque cada vez más antisocial, no deja de tener cierta educación (aunque cada vez la considere más una carga que una bendición legada por la educación paterna) y queda feo ir sentado al lado del conductor de la ambulancia y pasar ampliamente de él mientras uno escucha, un poner, el "Face Dances", de The Who, o  el "Live in Detroit" de The Faces. Total, que acaba uno escuchando a ese hatajo de pijeras graciosetes endilgando machaconamente una y otra vez la enésima tontada de Rosario o el mierdero one-hit del venezonano de turno, vengándose sin saberlo (pero con despiadada efectividad) de las perrerías de los conquistadores españoles.

Y eso no es lo peor. Encima, por las mañanas, los 40 Principales van de humoristas. Agárrense, que viene curvas. Sí ya de por sí el tema de los 40 es penoso y lamentable, por las mañanas superan ampliamente mi capacidad para soportar la vergüenza ajena. Emiten por la cadena de marras una especie de programa de ¿humor?, un "magazine" matinal, llamado "¡Anda ya!". ¡Qué arte, y qué gracia tienen! Básicamente el programa consiste en un hatajo de graciosillos que se dedican a imitar penosamente a famosos y famosetes, a hacer mongoloides concursitos en los que la gente se tiene que poner en ridículo en mitad de la calle para conseguir un ridículo videojuego, y a gastar bromas telefónicas. Sí, la versión pijoteras y con medios de las bromitas de toda la vida. La más penosa de todas, la "prueba de novios". Una presunta cachonda se dedica (supuestamente a petición de la novia del sujeto sometido a la prueba) a llamar a un prendas para, poniendo voz de calientabraguetas desbocada, intentar quedar para pegarse un revolcón a espaldas de la novia, esposa o sufrida compañera del "perlas" de turno. Especialmente lamentable es cuando la presunta calientabraguetas habla con acento andaluz (que queda bastante penoso, como Paz Padilla atendiendo una línea erótica). Si el sujeto accede a las pretensiones de la calientapollas de opereta, entonces se pone al teléfono la presunta novia o compañera, poniendo al colega a caer de un burro y prometiéndole sufrimientos sin fin.
Pero hay más, los "graciosillos" tienen toda la mañana para ganarse su sustento echándose unas risas y divirtiendo a sus lobotomizados oyentes con bromas y gracietas de todo tipo. Fue muy divertida una en la que llamaban a una chica que buscaba trabajo como masajista y le gastaron la ingeniosísima y descacharrante broma de ofrecerle trabajo como puta, jajaja, qué divertidos y qué guays que somos, mira cómo la pobre se pone en ridículo intentando sacarnos de nuestro error y siendo educada, cuando por dentro se debe de estar cagando en nuestra recontraputísima madre hasta la extenuación.Y así va pasando la mañana, riéndose de una chica en paro (aunque con la coartada de que la broma la propone un conocimiento de la embromada, que manda cojones, tenga usted amigos así y no le faltarán enemigos), despertando a la mujer de Jesulín de Ubrique (sí, esa que estafó a la Seguridad Social para que su pobre madre cobrara una pensión) para echarse una sanas e inocentes risas, puro desenfado juvenil, una explosión de cachondeíto matutino, mientras intentan sacarle al personal unos eurillos con los concursitos de enviar mensajes y demás. Son... tan divertidos.

4 comentarios:

  1. Cómo te entiendo, Hank. Yo también odio los 40 y también los he tenido que soportar durante rehabilitación. El problema es la inexistente cultura musical. Para la mayoría de la gente la música es un producto de consumo más. Por desgracia es una batalla perdida.

    Me alegro que le hayas dado un lavado de cara a esto y vuelvas a escribir por aquí.

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  2. Bueno yo los llamo los 40 orinales,por que solo sirven para cagarte en ellos jeje.
    Siempre te queda la opción de llevarte tu propio mp3-4 o 5 según sea tu caso.
    besos

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  3. jodi Dalem1:37 a. m.

    Es que no te gusta La Oreja de Dali???

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  4. COLEOPTERO6:56 p. m.

    Por las noches es ABERRANTE, dá asco, de verdad, se ponen a decir tacos, a gastar bromas asquerosas queriendo hacer gracia y dan grima. Tenían que prohibir esa parte del programa y dedicarse a la música que es lo suyo.

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