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19 de diciembre de 2010

Mare Nostrum

¡Esto marcha! La verdad es que estoy contento con el Taller de Escritura. Tres semanas, tres relatos que me he visto obligado a escribir. Para éste último tenía nada más y nada menos que dos semanas. ¿Resultado? Pues que la clase comenzaba a las 5 de la tarde y a las 12 del mediodía me ponía a escribirlo. Para variar... De todas maneras, también es cierto que al relato le había ido dando vueltas durante toda la semana, y ya lo tenía bien configurado en esta cabecita loca. Se trataba de escribir un relato breve sobre Luard, el protagonista de un poema de Josep Maria de Sagarra. A continuación dejo la poesía. La hubiera traducido, pero es que perdería "espíritu" de una manera brutal, las rimas no coincidirían y hay expresiones harto difíciles de trasladar al castellano. Vamos, un desastre en toda regla. En esencia, Luard, el protagonista del poema, es un viejo marinero sucio, borracho, jugador, bravucón (vamos, nada que ver con el Chanquete de "Verano Azul"). La descripción de Sagarra es magistral, y a uno le resultaba incómodo "trastear" con ese personaje. Al final me decidí por una vieja idea que me da vueltas por la cabeza desde hace años, y que ya había esbozado en un microrrelato. Seguramente no será esta la última vez que retome esa idea. De todas maneras, estoy bastante contento con el resultado. No me ha resultado fácil leer el relato, me toca muy de cerca y en ocasiones se me ha hecho un nudo en la garganta. Resulta difícil cuando la emoción sustituye a los nervios en una lectura. Pero al final he acabado como un machote, jejeje. Espero que os guste. Como os he dicho, os dejo primero el poema y luego mi relatillo.

LA BALADA DE LUARD EL MARINER

Josep Maria de Sagarra





Luard és una pell socarrimada,
i és una llengua que no tasta gras;
clatell pelut, i la gorra enfonsada
fins al nas;
samarreta de plom, cul de cabàs.
Quatre dents que s'escapen vironeres,
d'un trosset de bigoti atapeït,
ulls amb un pam d'ulleres
i unes ungles més negres que la nit.
Luard, cos rebaixat, fortor d'esquer,
peus seguidors de totes les tesqueres,
cridaire, mentider i home de bé,
Luard el mariner!

Més sec que el boll, més pobre que una rata,
entre els xiulets i les cançons s'esmuny;
si peta la batussa i la bravata,
no correrà molt lluny;
li fan por el ganivet i el cop de puny;
més avesat a somniar i a riure,
no està per fressa el mariner Luard,
i, si li deixen una bóta lliure,
per ell no es fa mai tard.
Si el cor de les misèries se li estripa,
amb un traguet ja ha posat oli al llum;
grata amb les ungles un rebrec de pipa
que és sutja i queixalades i ferum,
i va xuclant el fum!

Tot aclofat en el seient de boga,
palpa les cartes amb els cinc sentits:
el rei, i l'as, i el cavall, i la groga
li fugen dels dits;
i dringa el coure en els taulells podrits.
Amunt, Luard! La sort és rosa i grisa;
ja en tens per una veta del calçat
o un pedaç de camisa!
Luard, ara has perdut i ara has guanyat!
I, si les peces són de migra o d'urpa
Luard sempre fa un sol entrellucar;
i, després que estossega i que xarrupa,
diu cargolant les cartes amb la mà:
«Sí, mira! Va com va!...»

Luard vinga a buidar un sac de mentides
de colors blaumarins i virolats
de cares amb cent ulls i pells humides,
i fets desllorigats;
i se l'escolten tots bocabadats.
Conta un calvari d'escorpins i penes
fonedisses del greix
i la perla del pit de les sirenes,
i aquells misteris platejats del peix.
De tot l'encís ell va tastant les vores;
per dir-ne moltes no té el bec covard,
i l'aiguardent va amorosint les hores,
i no hi ha orellafart,
per parar oïda al mariner Luard.

Quan s'ha desfet el feix de nuvolades
i encar tremola esfereït al cel
un tall de lluna amb dotze queixalades,
mig blanc d'angúnia i mig daurat de mel,
Luard, desfent el tel
de la taverna, que el sentit li esborra,
camina cap al mar un si és badoc,
s'estira com un gos damunt la sorra
i canta una tonada a poc a poc.
Diu coses dolces de Marianneta,
coses coents d'un rei i un bordegàs,
i una cançó de xiscles d'oreneta,
de rems d'argent i veles de domàs,
amb una veu de nas.

I avui, tot ple d'unes mentides vives,
per sempre s'ha adormit a dins del port;
els llavis i les dents i les genives
d'una dona de mar blanca de cor
li han endolcit les hores de la mort!
Els pescadors l'han dut sota una vela,
amb un aire sorrut i compungit
li han clos aquelles nines de mostela
i li han creuat les mans damunt del pit...
Demà tota la joia serà muda,
hi haurà una mica de llebeig covard,
i un gustet amargant a la beguda
i un plor de campaneta cap al tard
pel mariner Luard.

MARE NOSTRUM

Andrés Moreno Galindo

Hace un rato que el marinero se ha marchado. Con la boca pastosa, balbuceando, medio masticando las palabras. “Bueno, compañero, hora de retirada. ¡Hasta otra!”. Se ha levantado afanosamente, sacudiéndose la arena de la ropa con un par de torpes manotazos, y se ha alejado por la arena con un leve tambaleo, no sé si por la costumbre de pasar más tiempo sobre la oscilante cubierta de un barco que en tierra firme o, simplemente, por el vino y el aguardiente que lleva en el cuerpo. Me ha dejado solo, sentado en la arena, con la espalda apoyada en una barca desvencijada. Siempre tuve la tonta superstición de que las cosas también sienten, y a ratosimagino que lo que quedaba de la barca, apenas cuatro tablones podridos deshaciéndose a la intemperie, sentía añoranza del mar. Tonterías de viejo, supongo.

El marinero (no sé cómo se llamaba, en ningún momento nos dimos nuestros nombres) apareció cuando ya la luna, como diría un mal poeta, rielaba en la superficie del mar, arrancando destellos plateados de las pequeñas olas que apenas destacaban de la superficie. Yo había acabado de abrir la primera botella de vino, y buscaba  la copa que mi amigo me puso en la bolsa, cuidadosamente envuelta en papel de periódico. Cuando levanté la cabeza, allí estaba el hombre. Sucio, desaliñado, con unas ropas que solamente un empedernido optimista dejaría de calificar como puros harapos y jirones. Sus ojillos, semiocultos por una mugrienta gorra, brillaban codiciosos mirando la botella recién abierta. Me plantó un “buenas noches, compañero, parece que va a hacer fresco”, y algo en su expresión de viejo sátiro borrachín me ánimo a invitarlo a sentarse y a compartir con él la primera de las botellas que pensaba abrir esa noche de despedida. Se negó desdeñoso a compartir la copa, y agarró la botella por el gollete, dándole un largo trago. Luego, se pasó la manga de su chaqueta por el ralo bigote. “No está mal, se puede beber”. No quise decirle que en las tres botellas que llevaba en la bolsa había invertido los ahorros que me quedaban, ni que aquel vino era, aunque pareciera mentira, más viejo que él. Me limité a asentir y a seguir bebiendo.

El marinero era parlanchín. Enlaza un tema con otro a velocidad vertiginosa, sin apenas solución de continuedad. Posee la discreción de quien se ha visto envuelto en mil peleas por hacer la pregunta inadecuada en el momento inoportuno. No me ha preguntado qué hacía yo allí, sentado frente al mar, con un bocadillo a medio comer al lado, mal vestido con un abrigo que dejaba al aire mis esqueléticos tobillos. Tampoco ha hecho ningún comentario cuando el abrigo (también regalo de mi buen amigo, el último que me quedaba, el único que me ha ayudado a escapar de aquella triste habitación) ha dejado entrever que debajo solo llevo una bata de un color verde desvaído tras mil lavados y desinfecciones. El marinero se ha limitado a parlotear y a beber. Hemos hablado, hemos reído y hemos callado en algunos momentos. Yo le he hablado de brulotes vándalos ardiendo más allá del horizonte y del tiempo, lanzados a toda vela contra la flota bizantina, y el marinero ha recordado tormentas en alta mar, rezando desesperado a todos los santos que recordaba, dando tumbos por cubierta mientras cataratas de espuma lo dejaban al borde de la muerte. Yo he recordado un cuerpo de diosa juvenil y unos ojos negros mirándome a través de gotas de agua salada, y él me ha hablado de juergas de varios dás de duración, de báquicas celebraciones tras el regreso de una singladura productiva, de resacosos despertares al lado de los ronquidos de alguna de las paquidérmicas putas de los lupanares de Tánger. Yo le he hablado de Esculapio, el dios que nos observaba gravemente, representado en una escultura a unos pocos metros detrás de nosotros, y el marinero recordaba, temblándole ligeramente los labios, las filas de prisioneros obligados a excavar, tras la guerra, en el yacimiento donde encontraron la estatua más de cien años atrás, medio muertos de hambre y frío. También ha callado cuando mi mente se ha extraviado, bebiendo silencioso mientras yo cabeceaba confuso, mirando al mar, esperando a que mi cerebro se recuperara del cortocircuito.

Cuando se acabó el vino, el marinero fue a buscar aguardiente (“¿no tendría usted algo suelto? Me he dejado la cartera en la pensión”) un matarratas ardiente que ha hecho bullir nuestras entrañas y que hemos trasegado con la misma indiferencia con la que hemos hecho desaparecer las botellas del
 carísimo vino. Y al fin, tras la última gota de aquel infecto brebaje, el marinero se ha marchado, silbando una irreconocible tonadilla que parecía retorcerse afanosamente por entre sus escasos dientes.

Vuelvo a estar solo, borracho, espantando a manotazos los recuerdos, pero temiendo el olvido  que me mata lentamente, mientras el amanecer se insinúa por el horizonte. El frío se cuela por los bajos de mi abrigo, haciéndome estremecer bajo la delgada bata verde, y una creciente brisa hace revolotear las grises guedejas de mi pelo. Extrañamente sereno, he metido la mano en la bolsa, sin dejar de mirar el mar, sintiendo en mi mano el tacto cálido del mango de la navaja de afeitar.






10 comentarios:

  1. Vino, mar, y bata ( ...y no de guata) verde. Toda una constante en tu vida eh Hank. Y por fin, la navaja, tan cálida ella. (Ahí te conocí yo, también mirando al mar).

    Qué sepas que me ha gustado todo lo que he leído, aunque siga sin saber si utilizó la "cálida" antes o después de. Y aunque no entienda el catalán (y haya leído la poesía admirado, como quien se arranca a leer por primera vez en su vida y se sorprende de lo que lee, aunque no entienda ni jota), pues eso, que me ha emocionado igual. Supongo que es porque sí la he entendio, o qué?

    Ah, ah... y sí. Sí disiento contigo en una cosa. Las preguntas inadecuadas SÍ se hacen en los momentos más inoportunos. Por eso, precisamente, son tan, tan inoportunas ;-), creo eh...

    Y bueno, que salú, maestro, y que siga usted con tan buena entretecla... que la disfrutamos entre todos.

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  2. Mar Nostrum...: "mare mía"! que bien lo haces joio!
    da gusto leerte, ya lo sabes!
    abrazo grande!

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  3. Inopio, muchísimas gracias por tu comentario. En efecto, el relato es una "versión extendida" de un micro que publiqué en Eskup. Y sigo sin quedar satisfecho, seguramente volveré otra vez sobre esta idea. Espero volver a contar con tus amables comentarios. Un abrazo, y me alegra ver que también has leído el poema, aunque realmente es "duro de coger", yo tuve que leerlo armado con un buen diccionario, me alegra que te haya gustado a pesar de eso.

    María Luisa, como siempre, "animas tela". ¡Cómo me alegra "verte" por aquí! Un abrazo.

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  4. Solo puedo decir BRAVO !!!

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  5. ¡Gracias, Mapy! Ese "¡BRAVO"! me hace mucha ilusión.

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  6. Anónimo4:23 p. m.

    Bonita y generosa narrativa la tuya, Andrés. La volveré a releer un par de veces más para saborear aún mejor lo que ofreces. Saludos desde Masquefa.

    Nacho

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  7. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  8. He de reconocer que me sorprendes cada vez que te leo. Me gusta como escribes y siento como te pones serio al hacerlo. Como si salieran de un rincón detu alma al que le tienes profundo respeto.
    Me gusta leerte. Quizá es porque me gusta tu persona.
    Gracias por compartir.

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  9. He de reconocer que me sorprendes cada vez que te leo. Me gusta como escribes y siento como te pones serio al hacerlo. Como si salieran de un rincón detu alma al que le tienes profundo respeto.
    Me gusta leerte. Quizá es porque me gusta tu persona.
    Gracias por compartir.

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  10. He de reconocer que me sorprendes cada vez que te leo. Y siento como te pones serio al hacerlo. Como si salieran de un rincón detu alma al que le tienes profundo respeto.
    Me gusta leerte. Quizá es porque me gusta tu persona.
    Gracias por compartir.

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